En Argentina la democracia sigue matando
es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Carlos Aznárez, Director de Resumen Latinoamericano publicado en GARA el 21 de junio de 2001.
Carlos Aznárez * Director de "Resúmen
Latinoamericano"
En
Argentina la democracia sigue matando
Hace pocos años fue en Corrientes, cuando la recién estrenada socialdemocracia de la Alianza asesinaba a dos trabajadores a través de un ataque que la Gendarmería llevó a cabo contra miles de manifestantes hambrientos que ocupaban uno de los puentes emblemáticos de la provincia.
Después le tocó el turno a la provincia de Salta, donde en noviembre pasado un prolongado corte de carreteras había concluído con el asesinato del desocupado Aníbal Verón. Esta vez, desde hace más de 20 días, decenas de piqueteros (los que cortan las carreteras), ex desocupados de la construcción, reclamaban un mísero aumento salarial: los «ambiciosos» querían ganar 300 pesetas la hora por un trabajo de esclavos.
Como las autoridades provinciales se opusieron a hacer concesión alguna, los trabajadores se lanzaron a la calle y cortaron la estratégica ruta 34 en General Mosconi, a 300 kilómetros de la capital salteña.
El domingo pasado un juez local de notoria ideología fascista ordenó a un batallón de 400 gendarmes que comenzara la disolución del corte. Para ello contaba con el visto bueno del Secretario de Seguridad Interior de la nación, Mario Mathov, quien como excusa de la intervención militar señaló que los manifestantes habían intentado apoderarse de una importante refinería de petróleo «para volarla». Preparaba la escena para convertir otra vez a las víctimas en verdugos.
Los milicos entraron a saco contra el centenar de «piqueteros» que, como los palestinos de Gaza y Cisjordania, se defendieron con lo que tuvieron a mano. La refriega duró dos horas, y producto de los disparos de los gendarmes cayeron asesinadas dos personas ajenas a los hechos: Carlos Santillán, de 27 años, que fue alcanzado por una bala «encamisada» (proyectil de guerra que suelen utilizar el Ejército y la Gendarmería) y un chico de 16 años, José Oscar Barrios, que recibió un tiro en la cadera, a un kilómetro de la carretera cortada. Además se registraron medio centenar de heridos de bala, entre manifestantes y gendarmes, y varios detenidos.
Como no podía ser de otra manera, la versión dada por el Secretario del Interior del presidente De la Rúa, por el juez y por el jefe de la Gendarmería, habla de «emboscada» por parte de manifestantes armados con fusiles y pistolas, a lo que Mathov agregó: «Son grupos subversivos, mezclados con delincuentes comunes». Desde el otro andarivel, el gobernador Romero del partido Justicialista apuntaba: «Se trata de grupos minúsculos, gui- ados vaya a saber por qué intereses, que tratan de desestabilizar el sistema democrático». Entre bueyes no hay cornadas.
Lo que nadie desde el poder pudo negar es que la gente está harta. En Salta, donde las dos terceras partes de los menores de 14 años están en situación de pobreza, otra quinta parte vive en la extrema miseria, y casi 100.000 personas sobreviven con un ingreso real de apenas 120 pesetas por día. En Jujuy, donde la semana pasada otra represión violenta contra los desocupados que hacían barricadas de fuego en plena ruta reclamando comida terminó con numerosos heridos y detenidos. En Rosario, donde la hambruna ha provocado que en los barrios más marginados hayan desaparecido prácticamente los perros y los gatos y no precisamente por la presencia de un servicio municipal de captura de animales domésticos.
Hartos están los miles de integrantes del Movimiento de Trabajadores Desocupados, que en la provincia de Buenos Aires y en otras partes del país vienen cortando rutas y acampando en ellas, reclamando pleno empleo o en el peor de los casos el acceso a Planes Trabajar (un eufemismo inventado por algunos gobiernos regionales) y una miserable bolsa de comida.
Y por supuesto están más que enojados los trabajadores de Aerolíneas Argentinas, que vienen llevando desde hace meses una campaña de resistencia contra la nefasta política privatizadora de Iberia, que ha dejado a la empresa nacional al borde de la quiebra. Por eso, los aeronáuticos han acampado masivamente en el Aeropuerto de Ezeiza y reclaman contra la política neoliberal y fondomonetarista de yanquis y europeos, impidiendo la salida de los aviones o convocando al boicot total a los productos españoles.
Frente a la cada vez más creciente protesta popular contra el plan económico y las políticas de capitalismo salvaje, el Gobierno aliancista y la oposición justicialista igual que el PP y el PSOE hacen con Euskal Herria se han puesto de acuerdo para intentar parar a los hambrientos y rebeldes. Y como son poco originales, allá y aquí, la receta es otra vez la represión. Quieren quebrar la protesta popular en base a muertos y detenidos. Por eso no es extraño que en las últimas semanas una treintena de luchadores populares argenti- nos hayan ido a parar a la cárcel, y al activista Emilio Alí le ha caído una condena de cinco años de prisión, por ocupar con otros desocupados un supermercado pidiendo comida.
En la Argentina de innumerables riquezas, ya ni siquiera hacen falta dictaduras militares para entronizar el autoritarismo. Gracias a los «demócratas» teledirigidos desde Washington, al que reclama comida y trabajo lo encarcelan o le balean. Y en algunos casos, como le ocurrió recientemente a la hija de la presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, se intentará aterrorizar a los luchadores, torturando y vejando, con el sello de los viejos «escuadrones de la muerte».
Sin embargo, el pueblo no está dispuesto a seguir recibiendo los cachetazos mansamente. El hartazgo traerá irremediablemente más respuestas de los de abajo. Y los gobiernos reaccionarios latinoamericanos ya saben por experiencias pasadas que quien engendra violencia estatal no tarda en encontrarse con la justiciera y necesaria bronca de los oprimidos. Ya las rutas y caminos argentinos, cortados a cal y canto, y el negro humo de los neumáticos quemados, están dando el toque de alerta. Lo mismo que algunas paredes bonaerenses que gritan lo que puede venir: «Si no te dan de comer, cómete a los ricos». *